|
Con más de 35 años en el rubro del transporte de pasajeros, El Turista se encuentra en uno de sus
mejores momentos. Alguna de las razones: cuenta con una flota compuesta íntegramente por
Scania.
El Turista S.R.L. es una empresa familiar, dedicada con exclusividad al
transporte de pasajeros con origen en San Francisco, provincia de Córdoba.
Sus recorridos unen Buenos Aires con la ciudad que la vio nacer y con la
capital de la provincia mediterránea. Además, viaja desde Córdoba hasta
Paraná y Santa Fe, y enlaza Córdoba con San Francisco mediante un servicio
del tipo ejecutivo.
Los socios propietarios de la firma son Lidia Sales de Cappanera y
sus hijos Tulio y Mirta. Ellos cuentan con un plantel de 65 empleados y una flota de
12 unidades, todas ellas Scania, de las cuales, la más vieja data del 2000.
Además, adquirieron tres unidades nuevas que están por ser entregadas. En
conjunto, los K124 6X2 de 360 HP de la sociedad realizan entre 250 y 280 mil
kilómetros por mes. Jorge Bustos, administrador de El Turista,
explicó que "un coche que llega, por ejemplo, desde Buenos Aires a San Francisco, luego
va a Córdoba, vuelve a San Francisco y a la noche se va a Capital Federal;
por lo tanto no está mucho tiempo parado". Para alcanzar este presente de
auge y solidez, la compañía atravesó un largo camino.
La inundación
A fines de la década del '60 Miramar, ubicada al noreste de la provincia de
Córdoba, era una ciudad pujante. Hasta allí llegaban todos los días varios
micros colmados de turistas, que buscaban sumergirse en las aguas saladas de
la laguna más grande del país, Mar Chiquita. Corría 1968, cuando El Turista
comenzó a unir ese lugar con Rosario. Al comienzo, sólo lo hacía durante el
verano, pero con el paso del tiempo arribó allí todos los días del año. A
principios de los '70, sus servicios se extendieron entre San Francisco y
Buenos Aires. Antes de eso, el único medio de transporte que unía esos
lugares era el ferrocarril, cuyos horarios pocas veces se cumplían.
El turismo en Miramar se expandió hasta que, en la segunda mitad
de los setenta, la laguna sufrió una crecida tan grande que el
pueblo quedó bajo sus aguas. Todo se perdió menos la esperanza de los pobladores que, con
mucho esfuerzo, reconstruyeron la ciudad en otro lugar. A pesar de eso,
Miramar dejó de contar con el interés turístico que la había caracterizado.
Fue entonces, cuando El Turista, sin darse por vencida, buscó otros rumbos
para ampliarse. Y esa búsqueda fue productiva.
|